En la etérea y tornasol levedad del tiempo,
el cardo de los faunos y el huso de las hadas,
tejen y entretejen,
la cándida romanza de la vida.
En el dulce e inefable amanecer,
de un alba consabida.
Pintados con las gurbias del poeta,
los rojizos del arrebol matinal,
escarmenado por la hilandera del viento.
Los añiles de la luna y las estrellas madrugada,
se entremezclan con la divina mirada,
de los besares del sol.
Cómplice de los amantes,
y las albas de algodón,
es la nívea rebanada,
de la luna dulcinea,
novia eterna de los soles,
y del nuevo amanecer.
Luna que vive, brilla y ama,
bajo las alas del viento,
bajo la luz del amor,
en el rojo amanecer.
Hortencia Aguilar Herrera -México-
No hay comentarios:
Publicar un comentario