martes, 21 de agosto de 2018
PON UN CASTILLO EN TU VIDA.
No hace falta que te empeñes
en letras, plazos, hipotecas.
¡Pon un castillo en tu vida!
Con foso, adarve y torres esbeltas.
Con pendones, fantasmas y trasgos.
En una loma, en un acantilado.
Solitario o rodeado de bosques y prados.
¡Pon un castillo en tu vida!
Que defienda los limes de tu imperio.
Que cobije tus más pérfidos sueños,
tus más dulces deseos.
Yérguete firme sobre sus murallas,
abre portones y tiende puentes,
en la mazmorra mete tu miedo.
Date homenaje en la torre
-aunque es alta, fría y hoy graniza…-,
en alcobas y salones
en cocinas y caballerizas .
Aléjate de polvorines,
capillas letrinas y cortines
que ahí aire sano no corre.
¡Pon un castillo en tu vida!
Mas no la encastilles,
no la limites,
no la ahogues,
no la coartes.
Pon un castillo que defienda
tu individual esencia de hombre.
Unas murallas que protejan
tu tiempo
de batallas perdidas, de patrañas, cantares de gesta
leyendas doradas, delirios y tonterías.
Y arropen celebraciones de vida
sin cortes, ni cortesanos
donde seas tu rey
maestro cantero, juglar y héroe
de tu momento
único, leve, imperdurable
como castillo de naipes marcados.
Y si este lupanar no alberga
lugar para tu sueño,
mientras transitas de esta orilla a la otra,
sea tu castillo el de popa
en galeón osado y marinero.
Raúl Sánchez Alegría
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