Diría que me has traído nuevos diarios anoche,
novedades que podría leer mañana, o pasado,
o después, dependiente únicamente de ti,
de mí, de mi estado, de mi visión,
cosas desechables por otros,
mi colección de rostros que creí eran el tuyo,
cuando me enamoraba pensando que eras tú,
ese conglomerado de sonrisas parecidas a la tuya,
cuando, en medio del brindis, decía sí y era un no,
eran figuras y voces como la tuya, sonrisas,
manos como las tuyas, cuando me engañaba yo,
creo que, a propósito, sin saberlo, te esperaba,
sabía que llegaría en algún momento la noticia,
el anuncio, la conferencia de prensa, la novedad,
la información de tu llegada, el momento sublime,
ya te vislumbraba al comienzo, sin rostro,
como una visión que no iba a existir, que nunca,
jamás, podría ser realidad;
ahora, te veo natural, viva, un secreto revelado,
una realidad a medias, un círculo intenso, existes,
pero eres increíblemente inalcanzable, sin alma,
existencia palpable de una musa negra, oscura,
que me provoca versos, una musa peculiar, lejana,
que encontré para esclavizarme, que me obliga,
me demanda, que me dice sí, mientras dice no,
que me oprime, que quiere que sea sólo de ella,
una musa que lo mata todo con esa torpeza,
me mata y anula mi voz, que me obliga a decirle,
¿sabes?, no eres lo que esperaba, eres la sombra,
eres ese nuevo rostro que creí era el último, pero no,
eres esa noticia que creí haberla leído, pero no,
aún me faltan rostros, otras visiones, nieves, mares,
otros atardeceres con lluvias, para encontrarte.
Gustavo García Soto
No hay comentarios:
Publicar un comentario