No encubriré los días viví en tu infierno,
otros que no pude mirar tu sinceridad,
en tu malicia, tus resabios eran eterno,
más aún, no niegas tanta complicidad.
Cuando te conocí, eras como fantasías,
el destello de rosas rojas entre claveles,
como recuerdo triste en las melancolías,
como menguar la altivez en los lebreles.
Cuando valoro la vida descansa el alma,
me siento despacio en silencio sepulcral,
como lágrima, brotas en apacible calma,
al amor agradas con el candor del coral.
Al lograr tu corazón atraviese mi orgullo,
con humildad lograste en mí tanto amor,
el buen sentido de mi amor como el tuyo,
tu promesa en de alegrías, es mi candor.
José Rafael Díaz -Puerto Rico-
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