El poema de esta tarde es tan aburrido
y tan raro como el cable que estoy
observando lleno de zapatos colgados;
-no se a ciencia cierta si están goteando o llorando-.
En la esquina de enfrente hay una mujer alerta
bajo el frondoso tamarindo lleno de cables;
las lamparas de queroseno y un gorrión
que canta y lo callan las sirenas de los fuegos.
¿De dónde vendrá aquel chucho apaleado
a echarse entre mis pies un perro de mirada triste?;
¿y el águila afilada que resplandece cuando
le da de lleno el astro rey en la espalda?.
Muy serio pienso que esto son cosas de locos...
-es como lanzar un zapato más sobre esos cables-
apoyado sobre un sólo pie en el suelo
descalzo y sin camisa y decir que he acertado.
Al observar el rumor de la ciudad
que celebra la llegada de la nueva noche;
agarrada a las raíces echadas en silencio y algunos le pilla con la boca abierta y
los calzones bajados...
Yo en silencio y sin rechistar
sigo escribiendo este trasto de poema;
donde evoco la aparición y canto la fortuna,
no se si vendiendo todos estos zapatos...
RAFAEL CHACÓN MARTEL
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