martes, 21 de agosto de 2018

EL ECO DE LA LLUVIA / EL JARDÍN DE LOS ECOS


EL ECO DE LA LLUVIA

Ángel vivía en la indigencia de la ciudad.
Fue hallado muerto en un contenedor del papel.
Llevaba consigo miles de hojas escritas por su puño y letra.
Desde entonces su nombre, como un remolino de dudas, circula entre los más pobres de la ciudad.
¿A quién legó su inmensa fortuna de palabras? Nadie lo sabe.
Había narrado, en bares y tabernas, las más fantásticas historias de amor jamás contadas, alegrando y entristeciendo a más de uno.
Su tumba, olvidada en la necrópolis de los cien mil nombres, ahora sólo recibe el eco de la lluvia como su único réquiem eterno.

EL JARDÍN DE LOS ECOS

El ermitaño llegó al jardín de los ecos y escuchó sus ahuecados pasos en la penumbra.
Acostumbrado como estaba a ponerse a la sombra del sauce llorón y gritar su nombre para que la resonancia le respondiese rompiendo cada una de sus sílabas, así lo hizo…
Sin embargo, esta vez, no hubo respuesta: el Silencio había gritado antes de que él lo hiciese. 

LUIS ALBERTO PORTUGAL DURÁN (Bolivia)
Del libro Antología de cuentos iberoamericanos en vuelo 
Libros de la gaviota

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