ATARDECER EN PORT DE SANT MIQUEL IBIZA
Lentamente caía la tarde,
como cada día al atardecer.
Lamía aquella luz del sol,
tan especial y tan nuestra
los últimos picachos de las rocas
que asomaban en el extremo
norte de la pequeña bahía.
Y allí la tarde se hacía día
en un instante fugaz, esquivo,
derramándose displicente,
como agotada y cansada
por aquel acantilado tentador
que así, daba fin al día
y se disolvía en la espesura,
oscura y acuosa del mar...
Sin estridencias, mansamente
hasta desaparecer...
Concluido el atardecer,
sumiendo al paisaje
sombra ya de la noche
en un silencio lento,
angustioso y total.
Que pedía más silencio
para poder contemplar
aquella huida del día,
tan repleta de belleza.
DESAYUNO DE DOMINGO
El café se ha enfriado,
el periódico a mi lado
ya ha sido hojeado.
¡Nada nuevo hoy!.
Ni sorprendente,
ni diferente...
El bar se ha llenado,
ni lo he notado.
Hay más gente hablando.
Tintineo de vasos,
los platos se quejan.
Uno muere sobre el suelo,
los pedazos se esparcen.
Escoba y recogedor,
alguién los aparta.
Fuera pasan personas,
caminan sobre la acera,
anónimas, desconocidas.
Más allá coches veloces.
Todo va cambiando.
Menos esa soledad
de seres humanos,
ante un café ya frío,
apenas bebible...
¡Ya nada apetecible!.
La cucharilla descansa,
sobre esa soledad
que ya no agitará,
esta mañana de domingo.
¡Cómo otras cómo tantas!
sobre una mesa...
sin sobre de azúcar,
para endulzar la vida,
ante un café imbebible
Y esa soledad cruel
que va abrazando tenaz
todo lo que no es querido,
ni abrazado, ni deseado.
Esta mañana, en este bar
donde yo estoy...
y dónde tantos estamos.
¡Cruel mañana de domingo!
MARÍA LUISA HERAS -Barcelona-
No hay comentarios:
Publicar un comentario