Hay una huella en mi cuerpo,
una huella intensa y profunda,
un huella fresca y vigorosa,
una huella desconocida y misteriosa.
¿Tal vez aquel niño que lloró
en mi pecho un gris atardecer?
¿Tal vez de aquella niña que soñó
escuchando mis viejas historias?
La huella está en mí
y aún no sé
quien la grabó allí
sin que me diera cuenta.
¿Tal vez de ese pájaro que voló
al besar al sol?
¿Tal vez de esa ola que mojó
un solitario corazón?
La huella es de un poeta
que desde la cabeza a los pies
fue recorriendo todo mi cuerpo
dejándome un puñado de versos.
Es tu huella, Federico,
la que este año 88,
se ha grabado para siempre
en mi soñadora mente.
JOSÉ LUIS RUBIO
Publicado en el número 1 de la Revista Poética Azahar (1989)
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