Te llenaste de mí,
y yo era peregrino,
con la lluvia del camino
se embriagó el delirio
del placer del vino;
te dije adiós y partí...
Te llené de mí
como yo de ti,
no hubo huellas que pisar
ni pasos que seguir,
mi devoción era volar,
inventar alas y partir.
Su edad quemaste
de las horas,
todo en mí era soledad,
mocedad de mi sed
que llenaste de silencio,
como el aroma de incienso
se evaporaba el alma
de tu voz con meditada calma.
Hasta el último segundo,
vacío, trémulo,
se llenó de silencio el vuelo,
esperó colores mi desvelo
para pintar el momento de besos,
de acuarelas de espinas y de brezos,
me llené de ti y tú de mí,
y volamos los dos rumbos diferentes...
RICARDO FLORES JOYA -El Salvador-
No hay comentarios:
Publicar un comentario