Acostúmbrame a la media luna
y haré el amor con tu organismo
y cantaré a las sendas de mi exilio
hambriento de ritmos,
¡ese sueño que me anida con vértigo
está en el límite de mi escrito y tus vientos!
a ti mi amante,
te busco y te escondes
enterrada en mis pupilas
en encubiertos susurros
clavados en aguas de tu paladar
mientras devoro tu hermosura,
¡tibias las víboras avanzan y te vigilan
alineadas con el amanecer!
troca en un ramo de primaveras
tu aliento retenido
en la empuñadura de mi boca,
yo egoísta dejaré de correr
sobre tu dulce abertura,
¡rabia de virtudes que desaparecen
en el caimán de mi mirada!
¡mira! deja de correr
yo vigilo en los mares,
no ves que es pulpa
que se incrusta como alfileres
entre la nieve de mis alforjas
en una rendija de lluvia clara
con espuelas de azogue,
y desnuda
te despedaza el sexo con mis besos
¿no lo ves? ¡es qué no lo ves!
¡con tu corazón ante mi puerta
tu sabes que eres preaviso de mi plegaria!
¡duérmete entre hojas de escarcha!
¡mírame! mensajera de la luna
me hiere un bosque de estrellas
que con una presuntuosa lagrima
ha arado la luna
y se extravía mirándote ciega,
la nieve pernocta
en mi boceto de tu cuerpo
y formamos arco iris con tus pechos,
parecen menguantes abanicos de cenizas
con dos estrellitas crucificadas
por el sátiro que las labra,
pero manan unidas como peces
son el conato de nuestra pasión.
Manuel Vílchez García de Garss
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