martes, 19 de agosto de 2014
NUNCA
Nunca me iré de aquí aunque las rosas
derramen su perfume ante mis ojos,
y la lluvia me llame en el crepúsculo,
cuando la soledad que aprieta el alma
confunde al horizonte con las rosas.
Nunca. Porque la luz de estos olivos
atrapó el pulso de mis sueños rotos
y he visto amanecer, desde este Adarve,
otra respiración de luz y rosa
otro amarillo, anaranjado y verde,
para alentar de nuevo mi palabra.
Hoy llueve en este Adarve
silencioso,
y, empapado,
contemplo mi tristeza
que vuela a refugiarse en la aceituna,
a sentir el regazo de su calma.
Nunca.
Quizás nunca me vaya de esta imagen.
Aunque
quizás ya haya empezado a evaporarme
y me aspire hasta el cielo como el vaho,
verde y rosa, que sale de la hierba
y se va para siempre de la tierra...
Quizás
me estoy marchando ya
sin yo saberlo,
pues
«nunca» es como decir quizás alguna vez.
Pero sé bien que aunque me vaya, siempre
mi tiempo estará aquí,
porque mi piel está plantada de olivares
y el silencio abacial de este paisaje,
que transmuta la luz desde Granada
en este amanecer de lluvia y rezo,
ha empapado mi voz y mi garganta
como el aceite empapa el pan y el corazón, un beso
LUIS ÁNGEL RUIZ HERRERO
Publicado en la revista Saigón 22
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