No olvidarás el atrio
donde comenzó mi insomnio,
donde infinitas caricias
te hicieron mugir en tronos de carne
sin poder tolerarlo tus nervios,
donde tus adjetivos fueron vidrieras
de todo un invierno
desenmascarado de ardides,
ayudaban a que mi pasión
llorar en las riberas de tu hiel.
¿Recuerdas el oxigeno
de tu respiración
acicalándome en tus labios
en las noches de Febrero?,
introducían nubes en efusión
en mi pirámide de ternura,
en mis nocturnos cuando
un corcel Pegaso insultante luchaba
con sus fulgores de dragón,
dulces, afables, seductores,
Cuando para iluminar tu belleza
yo obligaba los rayos de una luna amatista,
a salir de su cárcel, y homicidas
dejaban, nacido brillante
a oscuras el firmamento,
no olvidaras por vez primera
la danza de mis poemas
fieramente erguidos
para hacerte libre
presa de un mar lleno de tiburones,
¿Dónde estás? ¡Alma mía!
corazón vehemente de sentimientos,
cuando te alejes
y naufragues en silencio,
deja márgenes por el cielo,
el lastre exhausto hará añicos
los senderos y más adentro
yo como cronista de tu tiempo
floreceré con una palabra de tu boca.
Manuel Vílchez García de Garss.
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