Cuando voy a escribir me quito la ropa,
exhalo –sistemáticamente- tres veces:
hasta perder los enojos y desagotar las culpas,
hasta quedar vacío de mis propios aires;
exhalo, bien fuerte, para dejar salir
hasta el primero de mis recuerdos.
Exhalo para despojarme de mi último hálito.
Tiro hacia atrás la cabeza, cierro los ojos,
respiro profundo para adueñarme
del perfume de todo lo que nunca he tenido,
y me dispongo, como cada noche,
a concebirme entre sueños,
para a la mañana siguiente,
como se pueda, nacer de nuevo…
Leandro Murciego
No hay comentarios:
Publicar un comentario