Conozco un poeta que no parece poeta,
tiene cientos de versos colgados de los dedos,
dice que un día almorzará con enfermos desnutridos
y que en un portal paren gatos callejeros.
Hace de la constancia su inercia
aunque eso parece no importar a nadie.
Es poeta, viste como poeta, se peina como poeta,
se levanta por la mañana como poeta
erupta como poeta,
se urga la nariz como poeta
aplaude como poeta
y pisa los bares como poeta.
O cualquiera sabe.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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