lunes, 4 de agosto de 2014

LOS ÉLITROS DE LAS MOSCAS TRISTES


La tarde senil deambulaba cargando un tormento de jaspe
en las espaldas.
¿Debí apiadarme de ella o proseguir mi camino hacia el malecón?
Era imposible atravesar el muro de las moscas en Babia.
¿Has visto pasar la peste por allí?
Brotan las mieles por las hendijas del aire.
El aire caliente, pesado:
un bochorno ver a esas niñas espiando
los sueños de Aretino.

Siempre lo supe,
pero recién hoy pude comprenderlo.

El cielo se aferraba a la verja
con su ansia verde y trepadora.
Me conmovía el verlo alejarse de mí.
No me demoraba en estrechar distancias, según mi vocación.
Montado al vuelo de una mosca ascendía hasta las nubes
desde donde escupía hiel con desdén pasajero pero constante.
Un desdén núbil, de niñita nacida en la pringosidad.

Lo que sigue es historia conocida tanto
como la varicela y el sarampión
o esos gatos que parecen maullar cuando en verdad
sólo están hablando en chino.

Luis Bacigalupo
Publicado en el blog elpoetaocasional

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