Guardé una lágrima tuya
en el pequeño frasquito de cristal
que había sido de mi abuela
y la mezclé aquella noche,
graciosamente estrellada,
en que soñaba contigo
envuelto en rayos de luna,
con una lágrima mía
y, al unirse, nuestras lágrimas
dejaron de ser dos lágrimas
y fueron sólo una lágrima,
una rutilante lágrima
estallante de alegría.
Del libro “LIBRETILLA DEL COPLERO Y OTROS CAPRICHOS” de JUAN CERVERA SANCHIS -México-
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