El viento bravío resopla
en la noche encapotada
cuando las aguas rugen
en su eterno y ondulante oleaje.
Solitaria, aterida por el frío
de esta soledad que hiere
queriendo comprender
el idioma de las aves
esos negros pájaros
revoloteando en el cielo gris
que me miran de soslayo
murmurando en su jerga lo que ven.
Con mi mirada atónita
perdida en la letanía
sin preguntas ni respuestas
con mi mente en blanco, sin nada.
En mi mano tu corazón
aquel que me entregaste
como ofrenda de tu amor
que hasta hoy guardaba celosa
oculto entre mi pecho
dentro de mi ser.
Aquel que quizás ahora
sé que lo romperé.
Esperando un indicio
de aquel paraíso
donde Dios y su séquito angélico
velaron por nuestro amor.
Una fuerza silenciosa
se apodera de mi ser
llevándose consigo
la esperanza de volverte a ver.
Arrojaré tu corazón
hacia aquel piélago
quizás un remolino de emociones
lo hunda hasta el abismo.
Y junto con el tuyo se irá el mío
ya que solo no puede latir
porque los dos están unidos
desde el comienzo hasta el fin.
Diana Chedel -Argentina-
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