El cristal no sirve
para cubrir la lluvia.
Hay que salir campo a través,
salir a pecho descubierto,
tocar las nubes de tormenta.
Como quien toca
la incierta faz de la doblez.
Porque el amor
es un largo terrón de azúcar
que contiene diminutos granos de sal
en sus paredes.
Y besa y atormenta,
y atiende y desatiende,
y crea descreando.
Has de vivirlo a solas y en ayunas
desde tu sincera historia personal.
A flor de sangre, a flor de herida
para después, sin protección,
escribir un poema veraz, voraz
bajo la lluvia.
Del libro “La sonrisa del manzano” de
Ana Patricia Santaella Palhén
Publicado en la revista Sur
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