Mil rosarios son cadena
y eslabones de gris pena,
Vive el indio encadenado
en su invivible condena.
Busca y busca medicina
con su corazón marchitado,
y no entiende su destino,
el pobre indio, campesino.
Llega al hospital del estado
con su hijo ensangrentado,
lo asaltaron en la esquina,
cuando a su casa, venia.
Entre un tumulto de gente
se abre paso, el indio Inés.
busca entre el doctorado,
quien trate, a su hijo amado.
Pesa más la indiferencia
que el dolor del pobre Inés,
en camilla, sin conciencia…
llego la muerte… otra vez!!
Sobre la frente e su hijo
estampa un gran beso Inés…
y en su mirada perdida,
reniega, el indio campesino,
la inconciencia y altivez.
Donde quedo la patria, si solo veo escasez,
quien se robó la conciencia,
del que atiende, a su merced…
¡¡Dime Dios, que es lo que debe,
este pobre campesino,
dime Dios, hasta cuando la tortura,
para el pobre… indio Inés!!
DARWIN I. FLORES VARELA
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