Y lo que hacías ahí, bajo el terraplén,
era poner en libertad a una criatura viviente
atada a una cuerda
y lo hiciste para permitirle arrastrarse de
nuevo hacia su guarida
y olvidaste besar su escama pálida en la cabeza
y ha habido casos de esos reptiles
que se mordieron las colas
al ser atados maniatados
y era porque ella se parecía a nosotros
que bajaste allí y cortaste
la cuerda que la sujetaba
y esperamos que huyera y por un instante
olvidamos
que el musgo alcanzaría nuestros labios
y cubriría nuestros nombres
Del libro Cartas a la iguana de
Alicia Silva Rey -Argentina-
Publicado en Suplemento de Archivos del Sur
No hay comentarios:
Publicar un comentario