jueves, 7 de agosto de 2014

ASÍ SOMOS


(Fragmento de los artículos de 1914 y 1916 Nuestra Psicología Vista Desde el Muelle y de Meditaciones Acres respectivamente)

     Callados y tristes: así estamos siempre, así vivimos, así somos. Nuestros abuelos le enseñaron a nuestros padres a trabajar, a gruñir, a bostezar, a dormir. Trabajo y gruñido en las horas del día, bostezo y sueño durante la noche. Nuestros padres nos enseñaron a su vez a nosotros a trabajar, a gruñir, a bostezar, a dormir, pobre norma de vida que viene de lejos, de los sórdidos tiempos del palurdo inmigrante que venía dispuesto a echar los hígados detrás de un mostrador hasta amasar una fortuna, que apenas le servía, ya viejo, para cruzar el charco y darle su barriga y su reuma en espectáculo a los vecinos de su pueblo.
     Para nuestro callado y triste y seco espíritu de pueblo de aluvión, hecho de arenas y detritus arrastrados de otros pueblos, todo el hechizo incomparable de nuestra tierra es una leyenda, un mito, embeleso y música celestial de poetas sin oficio. Y junto a la gracia inefable de nuestras montañas, de nuestros palmares, de nuestros ríos, de nuestras noches, de nuestras mujeres, seguimos gruñendo y trabajando, bostezando y durmiendo.
     Nuestra tierra es apacible, es mansa, es dulcemente melancólica, tiene en la montaña y en el llano esguinces, languideces y mimos de nerviosa mujer enamorada. Mientras que nuestra gente es dura, huraña, seca, casi insensible, casi huérfana de efusiva bondad, de jovialidad, de franqueza, de arrebato, de amor.
     La tierra de un lado diciendo ternuras, envolviéndonos, enervándonos, hechizándonos con el perverso aroma delicioso de su feminidad; y de otro lado el hombre, alejado de ella. Aquí los árboles sólo sirven para hacer carbón y la yerba para que se la coman nuestros superiores los caballos y los bueyes. Aquí el campo es gentil y tiene siempre una canción que huele a flor de naranjo o de café y emborracha de melancolía unas veces y otras veces de loca sed de vivir y de amar. Aquí la tierra es hembra enamorada que nos tiende los brazos, pero nadie la oye. Nadie la oye, porque no somos hombres, porque dejamos de ser hombres hace ya mucho tiempo. Desde el día ya remoto en que, de guerreros y místicos que éramos, nos volvimos traficantes y pusimos feria, feria colonial americana, y enloquecidos de codicia sórdida cambalachamos el trozo espléndido de cielo que nos cupo en suerte por la tapa puerca de un barril de tocino...

Publicado en el blog nemesiorcanales

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