sábado, 20 de mayo de 2017

EL MODERNO PROMETEO


Mary no atendía a razones. Se movía histérica de un lado a otro de la casa, tan solo la morfina logró
inmovilizarla. De nada sirvieron las excusas de su médico para justificar sus terribles actos. Moviendo recuerdos, desvelando secretos, registrando cuarto tras cuarto, Scotland Yard desmanteló parte de su vida. Mientras, el doctor intentaba proteger el cuerpo de Mary arropado en los brazos de Morfeo.
Lo que no pudo la razón, lo consiguió el dinero y, tras desembolsar una buena cantidad de libras esterlinas, aquellos guardias e inspectores se marcharon de la casa para no volver.
La morfina la había dejado ausente, estado del que ya no logró salir.
Nunca pudo explicar la enajenación que le impulsó a rescatar hasta la última célula de Percy, aquel por el que había llorado en luto eterno.
El pútrido cuerpo que hallaron en su cuarto, con el que presumiblemente había compartido lecho, llevaba puestas ropas elegantes.
Desparramadas, junto a él, decenas de hojas escritas. Enganchada de su mano una larga pluma de oca y emborronados de tinta estaban sus dedos.
El trabajo que aquella mujer empleó en dar vida a su creación se perdería para siempre. Convirtió en realidad la visión que años atrás le impulsó a escribir su moderno Prometeo, aquella que le hizo ganar fama. Había tomado los restos de su amado, traídos desde Italia con la excusa de que descansaran en Inglaterra, y una vez aquí probó, no hay duda de que lo hizo, retornarlo a la vida. Y fue entonces que, nutrida del sueño, quiso creer que lo había logrado.
¡Pobre Mary! Se entregó a su amado como lo hiciera en vida. Desnudó su cuerpo y yació con él. Esperó incluso que plasmara en versos el encuentro y, en su delirio, lo creyó cierto.

Carmen Rosa Signes Urrea (España)
Publicado en la revista digital Minatura 155

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