sábado, 20 de mayo de 2017

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La habitante entró así en el corazón de la nieve
y sus huellas descalzas quedaron grabadas
como las corcheas de un pentagrama mudo:
a punto de embestir contra sí mismo,
bramó un torbellino de esquirlas de hielo.
y hasta el viento, erizado se contuvo.
A orillas del mar que va y viene, ensimismado,
como un león cansino, aburrido, vegetariano,
el chillido de los buitres crujió hasta el llanto.

Del libro La habitante del cometa 67/P Churyúmov – Gueramisenko de Alberto Szpunberg
-Argentina-
Publicado en Estación Quilmes

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