sábado, 20 de mayo de 2017

EL RÍO DE MI NOMBRE


“un río es agua, lágrimas: mas no sé quién las llora”
Dámaso Alonso

I

HA llegado la hora de hablar
del río que llevará mi nombre,
del cuerpo que ha llevado mi nombre
y ya sólo es un río que desembocará
en la muerte. ¿Cómo será ese río
que será lo que quede de mi,
cuando la muerte haya terminado
su obra destructora? ¿Cómo ha sido
ese río que ha tenido mi nombre,
que se llamó José y es ya tan sólo
un hombre solitario que espera
resignado que llegue al fin
el momento de irse?
No preguntes,
José, lo que sabes que nadie puede
contestarte. Sigue el curso del río,
espera, es ya sólo el tramo postrero
en el que te estás adentrando.

II

VEO a ese anciano solitario que me mira
desde la niebla confusa del futuro.
Me mira y tristemente sonríe,
mientras saborea tal vez la última copa,
de una vida que fue sin duda amarga,
como un licor de acíbar y vinagre
que tuvo que beber con cotidiano estoicismo,
momentos de desesperación y algún conato
de locura para intentar salvarse
de la desesperación y la amargura.
¿Qué mira ahora? ¿Qué espera?
Quiso que su vida fuera como un lago
tranquilo y silencioso, no como un río
de procelosas aguas, profundas cataratas
y abisales afluentes de tristeza.
Deseó que fuera la música del amor
su única compañía. Pero le abandonó
con prematura crueldad e indiferencia.

III

SE quedó solo, sordo. Ya no quería música,
ni siquiera la armonía de los desiertos.
Más ahora piensa, ese viejo solitario,
que sin embargo sonríe con la ironía
que le da la despedida cercana:
“¿Y si vuelve la música que encontrará
en mi corazón? ¿Sólo miseria, podredumbre,
la soledad opaca de los años,
el rechinar de dientes frente al fatal destino?”
Sabe que el río que ha llevado su nombre
llega a la desembocadura, y que ha sido tristeza.

La tristeza es como otro cuerpo, como otro río
acaso, que nos crece alrededor del cuerpo,
en las mismas aguas de ese río que nos lleva.
La tristeza comienza, cuando comienza el mundo,
cuando nace ese río que se ha llamado José
y que ahora contempla como se adentra el cauce
en esa mar inmensa, que también es tristeza.
Es como una condena que nos alejó por siempre
del paraíso prometido. La tristeza es como un eco,
que se repite constante y fatalmente,
como un sendero lento que crece día a día,
más hondo y más profundo. La tristeza
es un camino largo que conduce a la nada.

Como ese río que se llamó José y ya se adentra
en el mar, que le espera para dejar que exista.

JOSÉ INFANTE -Málaga-
Publicado en Luz Cultural

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