miércoles, 12 de abril de 2017

LO QUE TENÍA UN SEÑOR DE DERECHAS


Su familia era extensa y todos lo querían mucho, forzados por el miedo a su ira y a la de Dios. Sus amigos le trataban con gran cordialidad porque los había convencido de que era tal y como ellos tenían el capricho y porque no paraba de hacerles favores pero ya no eran amigos cuando no estaba presente y mucho menos cuando hablaban de él. Su vitrina guardaba muchos premios y reconocimientos desde la época del colegio, de esos que no se les dan a los pobres o a los que no tienen padrinos. Tenía bastante más dinero del que es necesario, lo quería para vivir mejor que nadie pero no tenía una hora de descanso por el trabajo que le daba ganarlo. Su moralidad era austera e intransigente, respetaba una infinidad de normas pero no, a sus semejantes. Velaba por su buen nombre y el de toda su familia ayudándose de tantas mentiras, bajezas y maldades como la peor prostituta y conduciéndose con tanta cobardía, inmoralidad y falta de honradez como un ladrón de bolsos. Se sentía depósito del saber y tenía una inmensa biblioteca pero era incapaz de hacer un chiste mínimamente fino. Presumía de inteligencia superior, criticaba los sentimientos de la gente sensible calificándolos de cosas de pánfilo, pensaba que sentir era de seres inferiores y estaba contento de ser tan frío como los lagartos; creía que era inteligente porque no era como las personas normales, ni como las personas extrañas, ni como las personas especiales, calibraba su inteligencia por su capacidad para la incomprensión. Se fue al otro mundo convencido de que había hecho mucho bien por sus hijos porque en sus casas, todos tenían piscina y barra de bar.

LUIS RAFAEL GARCÍA LORENTE

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