En el alba, yo sueño con tu piel
y tus ojos me recorren en silencio.
En quietud me observas.
En mirada perenne,
tus ojos son donde lavo mis recuerdos.
Donde mis añoranzas dejo.
Tu insondable mirada que sacude
mi cuerpo, hace cierre mis ojos;
y mis dedos ansían recorrer
lentamente tu rostro.
Que en su memoria quedes.
En el alba, cuando eres del silencio;
es, cuando más eres.
Cuando en vehemencia surges.
En esta intensidad de momentos
quedos, mi ser vuelva hacía ti;
es cuando te encuentro.
Llego a la sazón de tu corazón
y se suspenden las palabras
y somos uno.
En el alba, al unísono
con el ave temprana,
con la fresca mañana,
con el árbol que los brazos
estira, al tenue rayo de sol
que del este se asoma.
En el alba te pienso y tus ojos
me observan.
María del Rocío Hernández
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