¿Quién no tiene o ha tenido alguna vez un amigo?
Es habitual escuchar: "Mira, te presento a fulanito, un amigo", o: "Voy a ir al cine con una amiga". Con qué ligereza se pronuncia la palabra AMIGO; no se piensa en la transcendencia que encierra llamar de esa forma a una persona más o menos conocida, pero sin la categoría de amigo. Se hace duro decir: "Te presento a menganita, una conocida".
La AMISTAD, en toda la extensión de la palabra, es mucho más que ir al cine o a pasear con una persona -aunque también-, es un compromiso de tal calibre que en la mayoría de los casos no se tiene el valor y la abnegación de cumplirlo, y entonces la amistad fracasa, a no ser que, al fallar una de las partes, la otra sea más generosa y ceda ante una decepción, o dando el primer paso sin esperar a que el otro pida disculpas. Perono es justo. La entrega debe de ser por ambas partes igual.
¿Con qué se puede corresponder a un acto de generosidad tan grande en el que se renuncie a sí mismo en favor del otro?: con un acto semejante.
Cuando estás dolorido y el alma se te ha roto; cuando no sabes si vas a poder sobrevivir…, entonces ocurre el milagro de la amistad: El amigo, enloquecido, recorre seiscientos kilómetros en la noche, para llegar antes de que amanezca y poder estar a tu lado el resto de esa noche amarga. Lo ha dejado todo por ti: un drama familiar en otras manos porque tú lo necesitabas más en esos momentos, sin importarle la distancia, el cansancio, no dormir durante cuarenta y ocho horas… Volverá a casa roto, pero contento de haber sentido profundamente la amistad. Nunca te lo recordará. Tú no lo olvidarás.
"El que tiene un amigo, tiene un tesoro". Un dicho bien cierto.
Un amigo se descubre que lo es, en las circunstancias más adversas: cuando la vida te la ha jugado, cuando no sabes qué hacer y estás al borde de cualquier cosa. En ese momento, el papel del amigo en tu vida es fundamental. Hay amigos que lo son durante años, hasta el día de la prueba definitiva en la que no son capaces de superar y se te cae la venda de los ojos; esperabas más de su amistad, por lo menos tanto como tú serías capaz de hacer por ellos en circunstancias similares: por AMOR, no por obligación.
Puedo decir con orgullo que de amistad estoy bien servida. Soy afortunada.
Isabel Velasco (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 29
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