sábado, 5 de marzo de 2016

EL PODER DE ELÍAS


Poetizar por denunciar al tirano;
poesía como lepra contagiosa y causa de terremotos.
Reina,
reconstruye,
accede al trono;
refuerza la potencia y la independencia del reino,
reorganiza el ejército,
restaura la muralla de la ciudad santa,
las fortificaciones de Jerusalén,
vence a filisteos y árabes,
destruye los muros de Sodoma,
Gomorra,
y Babilonia,
somete a los amonitas y a los falsos israelitas.
Desarrolla la ecología y la agricultura,
edifica torres en el desierto,
excava pozos en busca de agua.
Se cuida de la soberbia y la avaricia que es idolatría.

Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet.
Ambos eran justos,
pero no tenían hijos,
y ambos eran ya viejos.
Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio según el orden de su clase,
conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó ofrecer el incienso, entonces entró en el santuario.
Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.
Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.
Y se turbó Zacarías al verla, y le sobrecogió temor.
Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.
Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;
porque será grande delante de Él. No beberá algo fermentado,
y será lleno del Espíritu Santo,
desde el vientre de su madre.
Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan a Él.
E irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías,
para hacer volver los corazones en los hogares,
y de los rebeldes a la prudencia de los justos,
para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.
Replicó Zacarías: ¿En qué conoceré esto? Porque somos viejos
Respondiendo el ángel, le dijo:
Yo soy Gabriel,
sólo un mensajero.
Y ahora quedarás mudo hasta el día apropiado,
por cuanto dudaste de mis palabras,
las cuales se cumplirán a su tiempo.
Y el pueblo le aguardaba,
y se extrañaba de: “tanto tiempo en el santuario”.
Pero cuando salió,
estaba mudo;
y comprendieron que había visto visión en el santuario.
Él recibió el Don de Lenguas por señas...
Y cumplió su obra,
y volvió a casa.
Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet,
y se recluyó en casa por cinco meses,
diciendo:
Gloria al Señor;
Y dio a luz;
y cuando la noticia se difundió,
oyendo los vecinos y los parientes que Dios se había glorificado,
entonces cambiaron de actitud.
Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; llamándolo, Zacarías como su padre;
pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan.
Le dijeron: ¿Por qué? Nadie en tu parentela tiene ese nombre.
Y su padre escribió corroborando: Juan es su nombre.
Entonces luego habló de nuevo,
sólo bendiciones.
Y el pánico subió por los collados,
y anduvo por los valles.
Y todos los que las oían, pensaban:
¿Quién pues, será este niño?
Y la mano del Señor estaba con él.
Y Zacarías profetizó,
diciendo:
Bendito el Señor Dios de Israel,
Que ha visitado y redimido a su pueblo,
Y nos levantó un poderoso Salvador
En la casa de David su siervo,
Como habló por boca de los profetas;
Salvación de la mano de nuestros enemigos,
y acordarse de su santo pacto;
Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre,
Que nos había de conceder;
que sin enemigos,
por fin le sirviéramos.
En santidad y en justicia todos nuestros días.
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;
Porque irás delante de la presencia del Señor,
para preparar sus caminos;
Para dar conocimiento de salvación a su pueblo,
reconciliación,
Por ser un Ser entrañable,
nos visitó la aurora por primera vez,
Para dar luz a los hombres;
y encaminarnos hacia Él.

SERGINAZ DUGAND HENAO         

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