Está ahí, contemplando, desde su inmensidad,
con sus ojos de piedra ostionera,
unos bloques grises, negros,
blancos, azules y hasta rojizos
que como aguerridos soldados
la protegen de las embravecidas aguas
que duermen bajo sus pétreos pies.
Está ahí, desafiando las líneas rectas,
oculta tras unos edificios
que rechazan los colores
de una difícil, imposible, batalla
contra la constante humedad
que todo lo va deteriorando
día tras día, año tras año.
Está ahí, esperando que la brisa
del mar acaricie tus torres
al tiempo que lentamente
deja su huella en toda tu estructura
que herida desprende una sangre
arenosa que mancha el suelo
de tu nave central.
JOSÉ LUIS RUBIO
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