sábado, 5 de marzo de 2016

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     Voy a crear la vibración que resucite mi ráfaga desorientada, y navegar cielos de miel: una pasión que me rompa, despierte un corazón de lluvia, regrese al cielo sus latidos.
     Rodando la luna como yo, cayendo adentro de un alud, veré infinitamente dulce la puerta que me arranque de acá y traspase los contornos sagrados de la naturaleza.
     Morderé la negación del viento que hace mi alma, para torcer hacia la luz las semillas clavadas en barro, aunque la pena me abrace como si fuera de arena galáctica, de profunda pesadilla, de inútil sueño.
     Me duele todo en tu lugar, aire de una soledad nocturna, que me hacés creer que voy a transmigrar o manar la sangre cuyo temblor se precipita sobre ninguna luna.

Del libro LAS PÁLIDAS NEGRURAS de Gabriel Francini -Argentina-
Publicado en Estación Quilmes



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