El tiempo te descuartiza frente a mi sombra
cuando el agua de tu muerte
se estanca en la pupila de mis venas
y un montón de hojas podridas
saturan la tristeza de mi sangre.
Y en una casa extraviada en algún sueño
los helechos soplan una llovizna silenciosa sobre tu vida,
a veces allí te encuentro
y te entrego las alas de un árbol,
para que mojes el cirio
que derrama su crepúsculo hostil entre tus manos.
Pero también existe un reloj de enfermas primaveras,
una costra de atardeceres en un océano lejano,
un cuerpo desnudo tatuado de eternidades
y la cáscara de un beso
donde se empozan las despedidas.
SILVIA LOUSTAU (Mar del Plata-Buenos Aires-Argentina)
Publicado en la revista Gaceta Virtual 108
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