(de Melilla, de cualquier frontera)
Es suave la noche mientras te mira
adviertes la locura
al borde de las flores
al borde del mástil que transmite la silla
la que sostiene tu raza
la valla recuerda la frontera
se adorna entre bidones de sangre
y la bandera -o el trapo- se recrea con espasmos
mientras, tu carne se engancha al metal fiero
y te duele.
Es suave la noche cuando el ojo se quita el clavo
con el que no puede ver la ola brava,
aquella
de una miseria con nombres.
Como una red de anclas
o un alzacuellos con óxido
la valla de la vergüenza
se instala con la pasión de los gibones
cuando la caléndula muestra su tallo
sentenciado
por el frío.
FRANCISCO CARRASCAL
Publicado en Luz Cultural
No hay comentarios:
Publicar un comentario