PRIMER TIEMPO DE SALUDO
Mi mujer es una fiera,
no es normal que yo me note,
al despertar, su mirada,
clavada en el cogote.
Visto por el lado bueno,
con mi sueño tan traidor,
despierto rápidamente,
no uso despertador.
Desayuno a lo embudo,
siempre tengo apetito,
me como lo que me ponga,
todo lo que esté prescrito.
El trabajo me relaja,
no hay huevos para mandarme,
si hay algo que no me gusta,
tardo poco en cabrearme.
Mas ¡ay!, ya vuelvo a la casa,
allí me espera la fiera,
con la lista de deberes,
metida en la faltriquera.
Después de comer, la siesta,
aunque yo no tenga sueño,
su rayo me da a entender,
quién es, de mi vida, el dueño.
Comprobar, en la nevera,
por si falta alguna vianda
y si falta, a la compra,
con su mirada me manda.
Colgar cuadros, descolgarlos,
correr muebles, afeitarme,
sin la posibildad,
de a nada poder negarme.
Limpia el coche, encera el piso,
pasa balleta a los muebles,
los electrodomésticos,
que se hagan indelebles.
En la cena ensaladita,
aunque quiero calamares,
recuerdo que de soltero,
los devoraba en los bares.
No me atrevo a protestar,
mi mirada de ella huye,
le temo al enfrentamiento,
con su rayo me destruye.
Al fin vamos a la cama,
con mucho temor acudo,
el postrer servicio es,
primer tiempo de saludo.
TARDES DE VERANO.
Dulces tardes de verano,
cuando el sol cae
y el calor se dirige
a otras latitudes.
Suaves miradas agradecidas,
por ese viento tierno
que nos refresca la cara
y el alma.
Dulce amor de medio pelo,
de apenas ser aire,
cada de ojos,
ropa ligera
que mueve montañas.
Suaves miradas
a esa piel desnuda,
a esos ojos alegres,
contorsionados,
cedidos por la gota de sudor
de la hora de la siesta.
Una vida,
un placer,
un soliloquio con la libido,
el destierro del deseo
hacia la luna nueva,
hacia el mar de fondo,
a la búsqueda intensa
de una nueva
tarde de verano.
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