domingo, 31 de mayo de 2015

PARA UN MÁRTIR


No,
no,
no porque hayas declinado
tu sonrisa bautizada de luz, se mustió.

Una banda de gaviotas
levanta tu rostro delicadamente,
y nos aúpa
una procesión matrimonial de ceniza.

No,
porque hayas amanecido,
los girasoles se han inclinado,

unos corceles se ascuan,
levantan tu cuerpo,
hecho de diamante y resplandor,
y te difunden en cinco direcciones,
humo y relinchar.

No,
porque hayas apagado
tu fuego de revolución, menor es su extinción,
caravana de ninfas con cuencos llenos,

abrazan la revolución con sus pestañas
y te llevan
salumbres,
relámpagos
y
rocío.

No tenemos marmita que hierva,
nosotros los discípulos exiliados,

no hay hollín con qué manchar nuestras
trigueñas caras,
nosotros los auténticos ajenos,

no hay vestidos que dividir sobre nuestros cuerpos,
no hay cabello que mesar en este severo otoño y
la invasión de los extensamente,

emerge,
emerge,
en el reino del relincho y de la luz,
icono de broza,

en el cuello de los muchachos de la patria,
y
emerge un ave fénix,
y acontece.

¿Cuántas veces se sacian al romper los
espejos del alma?
¿Cuántas veces tragamos las ascuas?
¿Por qué morimos?
Nosotros los que venimos del útero de la luz
¿Vamos al reino de la luz?

Emerge,
un viento de sarcente, en un trono te envuelve,
te memorizan los que empañaron un sueño,
un crisantemo único en tierra devastada.

Mariposa de sueño,

en una civilización desnuda,
menos de muerte.

Te guardan los que tu sangre han guardado, y escriben,

fue,
un verbo de muerte,
y eres,
artículo de vida.

Ahmad Yacoub (Damasco, Siria)
Publicado en Periódico de Poesía

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