El arroz se cocinaba lento,
mientras el acarreo del tiempo
nos llevaba a nuestra cena
acostumbrada. -Diciembre de
vientos densos me murmuraba-.
El cielo nos ha llamado contento a
reunirnos en este evento. Una
noche gloriosa y una copa lluviosa
se desborda entre mis dedos.
Apetito para un buen manjar;
la música lenta y la cocina para
mi paladar. Y el oxigeno se cierne
en nuestros pulmones.
Atuendos de todos colores;
algunos mas nuevos que otros.
Algunos niños ya son mozos.
Saludos hipnóticos nos seducen
en la llamarada de la concordia.
Estamos contentos, nos decimos
que el cielo nos ha llenado de
alegría y la algarabía de nuestras
voces se congrega.
Esto es ya una ciencia, se repiten
las ocurrencias y lo relativo tiene un
absoluto rotativo.
De gloria hemos estado fundamentando
nuestras existencias con una consagración
mas allá de esta tierra. Y aunque
miremos alrededor de la mesa y
ya no podamos ver los sombreros
erigidos sobre las cabezas de
nuestros ancestros nos mantenemos
adeptos. Cenaremos.
JAY JAY
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