Cuando empieza la demolición y uno es consciente, supura caras colgantes y ojos de cordero degollado.
Cuando el énfasis disminuye, la viagra del alma es un puñal de emociones rotas.
Cuando parece renacer la llama vital,
surge del hielo el peso de los días.
Cuando los renglones torcidos tropiezan,
se endereza el alma con cartílagos de titanio.
Cuando un montón de hojas secas,
son el barniz de los días,
cuando guardas la marea
en tus bolsillos de nailon,
entonces,
sabrás que estar vivo es todo.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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