La miro a los ojos... y peco...
de hecho y de pensamiento
¡ay! ¡cómo ansío ser castigado!
en ese beso prolongado
hacia el objetivo de mis sueños
y probar el sabor de sus labios...
Entre dogmas transgredidos...
perdimos la moral por los pasillos
y en la oscuridad de aquel cuarto,
al final de nuestros pasos...
pasé las horas contigo
ignorando nuestro pasado.
Dejé al margen mis escritos...
y fui un guerrero vencido...
fui poeta... sin desearlo
otro lienzo para tu cuadro
y todo lo que hubieras querido...
inocente o culpable... bueno o malo...
O el depositario de tus vicios...
tan pagano en mi martírio
que... a toda fe, he renunciado
incluido el temor al fracaso
sólo para estar contigo...
y sólo estoy... y abandonado...
Bebo el eco de mis silencios
esperando un próximo encuentro
heredero de tu legado...
todo resulta muy lejano
aún paseando a tu lado...
vivo... y a la par, tengo miedo
y esta espera... me está matando.
Luis Maria Saiz Laso
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