Se oyó la melodía, era brisa
de tarde sigilosa como llovizna,
tomé tus manos mirándote,
mis dedos bailaron sobre
tu palma suave, caminabas
moviéndote como viento,
sin decir nada rodeé tu cintura
apretándote en mi pecho
y volé al ritmo de tus suspiros,
bailamos sobre la nube de nuestros
sueños, eran nuestros ojos gritando
sus deseos, los labios implorando
a la poca distancia clemencia,
mientras los besos caían como
gotas hambrientas.
Baila amada mía, mis brazos
son vientos agitando tu cabello,
mis manos lluvia deslizándose
en tu candente desierto, que la
yema de mis dedos consuele
tus deseos, mordiendo tus labios
muerdes y acaricias mi alma, sean
nuestros cuerpos alas dóciles
bailando en un solo beso, con sabor
de vino añejado por el tiempo.
Al compás del silencio sentimos
nuestro aliento, el vals del beso
cerró la mirada y abrió el alma,
éramos olas mojando la playa,
bocas cansadas cayendo como
almohadas de piel desesperadas,
deseos consumiéndose en el baile
más esperado, sin palabras dejamos
escritos mil versos, que hoy provocan
los besos que aun duermen en
nuestros labios.
Baila amada mía... y deja el ritmo
de tu danza repicando en mis deseos,
resonando en mi silencio
y ardiendo en mi amor sincero.
Luis Emilio Tigüilá Robles -Guatemala-
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