Es cierto que la tonsura
me da un aire de capullo,
un erotismo muy suyo,
cual pene de gran altura.
Esa vocación madura
que rapó mi coronilla,
cuando poso en una silla,
parece estar en reposo;
dicho así: a modo grosso,
soy un miembro sin ladilla.
El ir vestido de negro,
me dota de un aire pillo
y la parroquia que trillo,
dispensa un ritmo de allegro.
En mi bragueta me integro
y me voy sacando brillo;
cuando miro en el cepillo,
todo mi cuerpo se crece
y el alzacuellos parece
el mismísimo frenillo.
Julio G. del Río -Valencia-
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