Las lágrimas resurgieron como avasallando los más puros y bellos sentimientos
y las manos acariciaron las rosadas mejillas como queriendo apaciguar el sufrimiento...
Cómo no arriesgarnos al amor, por mas que a veces nos muestre el rostro del cruel infortunio
y que un adiós nos castigue dejándonos huérfanos de caricias, mostrando el alma al desnudo...
Arriesgarlo todo y jugarse entero sin pensar en las agobiantes y perturbadoras consecuencias
que las palabras se vuelvan latidos y fluya la sangre donde los cuerpos se buscan con impaciencia...
Eternos prejuicios que atan los destinos y corrompen la fuerza que expresa la naturaleza
donde los ángeles buscan refugio, soñando todo un mundo de cosas bellas...
El poeta siempre dejó una flor en la almohada donde descansa su inspiradora poesía
pues cuando vuelva su amor sabrá... que si un hombre en verdad la ama ella jamás te olvida...
HÉCTOR RECHE
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