Sólo hace falta un cuerpo como el tuyo para quitarle las telarañas al deseo. Sin embargo, me despierto y, al abrir la boca, me hace cosquillas el bostezo de la soledad. Sólo hace falta encender la luz para quitarle las legañas al espejo. Con los ojos aún cerrados por el sueño, te sumerges en el cuarto de baño. Unas gotas de rocío abren la mañana en tu rostro. Sientes miedo como cada vez que te enfrentas cara a cara con la vida. ¿Quién es el valiente que le arranca una hoja al calendario y sale indemne de esa nota de frío que el otoño deposita en el papel y en los dedos? Con las manos sucias de tiempo consumido, no tienes más remedio que seguir viviendo. Tirar de la cisterna para que se pierdan por el desagüe los fantasmas del recuerdo. Te desayunas con ansia toda el hambre del mundo con el fin de que entre en el estómago esa sonrisa del que engendra lluvia tras lluvia por dentro. Si la emoción no palpita en las entrañas, un trozo de pan es capaz de engañar, por un instante, al vacío.
Alejandro Pérez Guillén -Benalup-
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