Ella lo observa desde una cierta distancia. Él levanta la cabeza, endereza la espalda, saca el pecho. Y finge no percibirla. Ella piensa: Un cuerpo del deseo que no es hermoso. Que sólo es el cuerpo del deseo. Ni armónico. Ni radiante. Sólo el no apresado, inexplorado, intocado cuerpo del deseo. Ella se ve acercándose, pidiéndole una cerilla, rozándolo. Y piensa que: El contacto físico puede no significar demasiado si es secreto.
Robado al cuerpo del deseo. Al fugaz cuerpo del deseo. Y ella escupe para no ir hasta él y tocarlo. Escupe delante de todos.
Del libro Bla, bla, bla, bla, bla sobre el amor de
FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES
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