Él siente la lluvia como un diluvio de alfileres. La lluvia no cae sobre él. Es él quien, cuando salta hacia arriba, cae sobre la lluvia. Querría saltar hacia delante, hacia ella que permanece impasible. Él ha decidido fingir que es irreflexivo, superficial, extrovertido como en cada ocasión en que coinciden. Decidido estar desbordado, jubiloso. Ella permanece impasible resguardada de la lluvia. Y él se jura que ella no percibirá cuánto la desea.
Y salta en el sitio. Empapado golpea la lluvia como un raíl de punta que busca diluirse.
Del libro Bla, bla, bla, bla, bla sobre el amor de
FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES
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