Somos la misma rama firme que se aquieta y respira
Huecos y cavidades abiertos que se llenan de fuego.
Si llegara el ocaso me hallará como siempre detenida
en la red de tus labios y en la piel de tu boca y en tus besos.
Yo vestiré mi cuerpo de rosas y encendidos claveles
Y engarfiaré mis dedos en tu hombría ya despierta.
Me mojarás el cuerpo con tu esencia y tus mieles
Y te abriré mi herida como se abre una puerta.
Rodarás como cálido sudor entre mis pechos
Y dos palomas niñas picotearán tu talle.
Te absorberé con hambre y me daré a tu cuerpo
Hasta que todo tú te despiertes y estalles.
Te dejaré mojado sobre el borde profundo de mi alma
Y una luna cautiva nos rozará las pieles hechizadas.
Morirá el día sobre nuestra entrega, en la pálida almohada
Y una trenza de fuego quemará lo que queda en una llama.
MARÍA ITZA (ARGENTINA)
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