Tiene ganas la alborada
de.perderse en tu locura
antes de decirle al cura
que la noche enamorada
te tentó como si nada
fuera malo en esta vida,
siempre y cuando cure heridas
y te despierte abrazada,
mojada en una sonrisa
saturada de tu aliento
allí, donde pasa el viento
susurrándole a la brisa
que el amor no tiene prisa
y sigue encuero en la cama
llamándote dulce dama
y prolongando tu risa.
Guillermo Sánchez
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