Y se va. Como lo íntimo del amanecer cuando te obligan a despertar.
Del mismo modo, que un día soleado que se transforma en gris y denso.
Se va el color; llega el bochorno y es quien avisa, tormenta habrá.
Se va de ímpetu, el sueño largo cuando al caer, te arrastra a lo que entendemos, realidad.
Se va la brisa que da frescura y a su regreso, disfrutas más.
Se va en silencio; se va en calma, por si mañana, retornara.
Se van sonrisas; vuelven y afloran. Se va esperanza y corriendo, abraza. Se va la vida y renace otra.
Se va el caos de tus entrañas cuando de hogar, matriz anidaba.
Se va a su tiempo, para besar lo que contando, los ojos ansiaban.
Se va la niña, se va el amante, se van los niños y se va el ayer.
Para admirar la que es mujer. Para saborear otros amores. Para el orgullo del hombre formado. Para esperar añorar mañana, un otro ayer.
Y se va... para volver. Y se va... y así entre ciclos, vuelve... y se va.
Luna dormida
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