Apoyado en el pollo de la ventana,
extasiado en el aroma de amor
líquido, que exhala nuestra habitación,
te contemplo exhausta, pero feliz,
tus bellos ojos, que hasta hace poco
se veían sublimes en el disfrute mutuo,
ahora cerrados, dándote esa imagen de diosa
sobre las cobijas ajadas y que cubrieron
de manera cómplice, el acto exquisito
de dos cuerpos entregados al disfrute
mutuo en sublime homenaje a Eros.
Ahora, esa cobija cubre tus divinos senos
y tus esculturales caderas, que fueron
el campo idóneo donde sembraba
las semillas de mi amor, haciéndote germinar
como hermosa flor, tu corolario de esporas
de gemidos y jadeos sublimes y excitantes.
Tu mano, tibia y suave, cubre tu pecho.
esa mano, que esparció tantas caricias
sobre las superficies más sensibles de mi cuerpo,
que hiciste tuyo, para juntos viajar a las estrellas,
y allí cerquita de Dios, entregarnos mutuamente,
el resumen exquisito de todo el deseo
y el placer que el creador nos permite
como suprema prueba que somos hijos
sucesores de Eva y Adán al saborear
la fruta prohibida, y que nos convierte en
por voluntad divina en mortales.
Así, extasiado en tu belleza, me quedo
prendado en tu bella imagen de mujer.
prisionero de tus caprichos y rehén de
mis deseos de seguir, hasta el alba del día,
haciéndote el amor, como solo tú y yo,
sabemos hacerlo, con renuncia total.
ROBERTO BATISTA PARGAS -Cuba-
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