Hasta cuándo podremos lamentar lo perdido
Lo que se fue y fue nuestro,
casi como un latido
Detrás de los pedazos de rotos arco iris
Entre capullos de agua. Con lirios florecidos
Hasta cuándo podemos
esperar lo imposible
Lo que se fue hace tiempo; como ser un suspiro
Que se escapa de a poco
En las alas del viento,
como escapó tu amor y se llegó el olvido,
hecho lamento y queja en los labios dolidos
Hasta cuándo debemos
salir tras lo querido
Lo que escapa y no para; como ser todo el llanto
en apretados ramos de lágrimas vertido
Con rastros en los ojos y surcos en la cara
con manojos de penas, con lamento escondido
Hasta cuándo debemos apretar en el cuerpo
el calor de esas manos que solo son vestigios
de sábanas ardientes y calores de lechos.
Como un antiguo canto; como un cuerpo encendido
Que nos traiga y evoque amores y esos celos
que tal vez no tuvimos.
Y hasta cuándo buscamos dulzura en la tristeza
Hielo sobre la llama. Presente en el pasado
Acaso una sonrisa en medio de la nada.
Acaso en ese beso que late desbordado
y nos quema la boca y se va y no nos deja.
Acaso mieles derramadas
acaso un poco de lujuria que nos dé la entereza
de sabernos con ansias, deseosas, renovadas.
Para sentir que el sexo desnuda su pereza
y florece en tu boca, cintura abajo estalla
Y es un largo sendero que dejo que florezca
acaso para siempre, en la eterna batalla
donde dos se hacen uno y brillan como estrellas.
MARÍA ITZA
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