Odio el sudor de la derrota
que como un pulmón lleno de palomas negras
como un viaje apretado a la rueda de repuesto de un coche
como un procesión de gusanos feos en el vientre de una acuarela
como unos dedos escurridizos chapoteando en las orillas de un pantano
como un engaño aguardando en la comisura de los sueños
como el crujido de las ideas exiliadas
como un kamikaze vestido de domingo
como un carril bici rodeado de cintas de cassette
como un punki de pestañas rubias montado en un taxi de lujo
como una cuerda de tender ropa sosteniendo los pecados del mundo
me hace odiar el sudor de la derrota.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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