Tal vez mañana,
olvidados entre olivos,
los panes y los peces
cumplirán su misión eternamente.
Tal vez en silencio,
por siempre escondidos,
unos tórridos vientos,
nos bañen tornando nuestra suerte.
Tal vez la bravura,
del ser que nos encamina,
visite la sombra,
de lo que nos deparará la muerte.
La plácida paz
del cementerio,
dará la nota
de la vil osadía, de lo inerte.
Mañana, despacio,
tal vez la mirada,
perdida entre nosotros,
velará un viejo lenguaje ausente...
Julio G. del Río -Valencia-
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